jueves, 17 de julio de 2014

Un aquí te pillo y aquí me muero


Prometimos no mentirnos
y no lo hicimos,
al menos durante algún tiempo.

Luego vinieron las otras
y yo aún defendía
porque es así, que no te quiero.

Después nos alcanzó el futuro del que tanto corríamos
y nos sorprendió en el mismo sitio
igual de desnudos
tu mirando el móvil
y yo haciendo que miraba el mío
esperando que fuera a mí a quien escribieras
y fingiendo que mi vida
era igual de triste y patética que la tuya.

“No te quiero”, repetí
una y otra vez, para que no te asustaras y volvieras
para alimentar en voz alta mí deseo
de que un día lo hicieras
y no me encontraras.

Pero ahí estaba
dispuesta a darte asilo político
de todas las guerras
que siempre decías ganar a otras
pero acababas celebrando conmigo.

Durante esos meses, llegué a creer
que te gustaba más el dolor que a mí me causabas
que el placer que cualquier otra te prometía.

No te lo dije entonces,
porque... ya sabes, 
prometimos no mentirnos.
Así que cuando me di cuenta de esto
yo ya no te hablaba,
y solo te escribía poemas líquidos
que duraban una ida y vuelta al cielo
y que no dejaban rastro alguno de rima
sobre tu piel.

No te lo dije entonces,
pero no, no me gustaba lo que hacíamos
ni me gustaba que solo quisieras ver cortos
porque no es cierto que  muchos cortos valgan por una película
ni muchas fotos por una vida
ni muchas excusas por una verdad.
Tampoco tus yoes
por mucho que los repitieras
valían  tanto  como un nosotros
y el pedacito de felicidad que me tocaba
después de repartirlo entre muchas
jamás me alcanzaba para llegar a fin de mes.

Aún así, sonreía
porque mis risas siempre fueron mucho más asequibles
que tus esperanzas
y más ligeras...
y más frías...
y los dos sabemos lo que te gustaba el frío cuando sudabas.

“No paras de sonreír” te aplaudías
Y era verdad, tu verdad
Porque lo cierto es que era un no parar de llorar a carcajadas
Que silenciaban cada te quiero que se me escapaba
Y era mentira...


martes, 15 de julio de 2014

Esa pequeña muerte que nos asesina poco a poco, día a día y que no puedes matar cuando la buscas

Cayó en mi cama y despertó en mis sueños. Corría delante del hacha de una carnicera que presumía de vender las almas más frescas.

Estuve 3 meses, tal vez 4, sin poder dormir por temor a cerrar los ojos y que aquella mujer lo alcanzara.

Una madrugada, mientras paseaba, lo encontré; no me reconoció, por lo que me fue muy fácil terminar con el temor de que fuera otra quien lo matara.

Desde entonces duermo plácidamente, así que no te preocupes, ni te enterarás de que estoy aquí.


jueves, 10 de julio de 2014

Por un instante cerré mis ojos para siempre



- ¿Qué hace?

- Reza. Lo hace desde que la conozco.

- ¿Y la brújula?

- Es para saber dónde esta la Atlántida e inclinarse hacia ella. Al parecer, hace años congeló allí un instante y su corazón murió de frío. Quisieron repatriarlo, pero cuando llegaron, su acompañante ya lo había enterrado a gran profundidad para evitar que se lo comieran los perros. Desde entonces le reza cada día, dice que así es menos el dolor.

- ¿Y lo que dicen del síndrome del miembro fantasma?¿Es cierto?

- Lo es, y algunas noches, el espectro de su corazón difunto, irrumpe en el cuarto mientras hacemos el amor.

No me habría perdido un minuto de estar contigo, por nada del mundo...



Aprendí a besar besándole, en cambio, despidiéndole tuve la sensación de no haber aprendido nunca nada. 

Así lloraba esta vez, más que en la primera en la que prometió que volvería, porque en los adioses como en los besos, ninguno importa más que el último que has dado.


miércoles, 9 de julio de 2014

Y ahora os señalamos con la pluma porque su peso es mayor que el de vuestras pistolas



"La poesía no se lee, la poesía se escucha.


Tampoco se escribe, solo se siente"


Y yo la sentía, la sentía correr libre sobre la tinta que inyectaba ya al terminar de mi espalda.


Apenas diez versos más estimaba que me tatuaría, antes de que mi cuerpo pasara a ser piel mojada, y su papel el maniquí de cualquier otra pelirroja de más de 1.70.


martes, 8 de julio de 2014

Ella solo tiene miedo al miedo y hasta el miedo la amaría

Venía cada lunes, siempre ensangrentado, siempre esperando al lado de mi consulta, sonriendo, como si cada herida fuera una medalla que apuntaba a un trofeo mayor, y como si todas, absolutamente todas, me las dedicara a mí.

Apenas hablábamos y rara vez me atrevía a mirarle a los ojos, porque si lo hacía, tal vez si lo hacía, luego no tuviera fuerzas para lastimarlo y coserle las heridas.

Poco a poco, sin quererlo, se fue convirtiendo en mi paciente predilecto, hasta que un lunes se hizo domingo y llegó con una camisa completamente blanca.

¿Por qué estás hoy aquí?- le pregunté sin entender la razón de su visita.

Para que me salves, como siempre- respondió mientras me cogía del brazo y dirigía, cómo si en algún momento, no muy lejano, alguien le hubiera encargado el diseño de mi destino.

Lo subí en el coche, encendí las luces, las largas y empecé a buscar los cortes que daban sentido a nuestra relación.

Fue fácil encontrarlos tan pronto me dio el último beso. Una no debiera saber nunca cuando un beso es el último, pero cuando lo sabe no puede olvidarlo y yo en ese momento, tuve la certeza de que todo lo que me hubiera gustado que pasara... ya no volvería a pasar.

Entonces, se levantó, y al hacerlo, volvió a brotar sangre de todas sus suturas; sin que le importara, sin que le cortara la risa con la disfrutaba de un esperado trofeo.

Me dijeron, con el tiempo, que no sé curó esa vez, y nada me duele más, que pensar que puede ir por ahí,
presumiendo de las cicatrices que se hizo al acostarse sobre los añicos del corazón que acababa de romperme.



lunes, 7 de julio de 2014

Ancas de princesa daltónica y otros remedios para ver la vida de otro color



- La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?

- Una mala mascota que se cree consejera

- ¿Y qué le aconseja hoy la parlanchina?

- Que no se preocupe, le dice entre risas. 
   Que lleno está el mundo asegura triunfante 
   de azules príncipes y de cyanes infantes.

- ¿Y por qué llora entonces nuestra señora?

- Porque convencida ha quedado de empeñar su corona. 
  Al mismo Satán se ha encomendado
  para ofrecer su trono por despertarse croando

- ¿Y qué dice de esto su consejera?

- Salta y asiente la muy puñetera. 
  Yo escucho y atiendo, mas no oigo nada, 
  solo a la princesa lamerla encantada.

- ¿Llamaron al médico? ¿Estará envenenada?

- Llamamos, llamamos... ha quedado ingresada.

- ¿Y qué le receta resabiado doctor?

- Que no chupe ranas de ese color

- ¿Y cómo se lo ha tomado la princesita?

- Llora e insiste en volver a la ría. 
  Renacuaja se siente la condenada 
  a vivir en cuentos encadenada.

 ¡Sapos! maldice, su madre enfadada, 
 ¡Para besar sapos estaba educada!

- No se preocupe su majestad, 
  seguro que sapos vuelve a probar...
  No la regañe, no es tal la tragedia,
quizás el pueblo prefiera a esta reina

- ¿Daltónica y rana? ¿Acaso bromea?

- ¿Y lo que ahorrarán en perdices? 
  ¿Ha hecho la cuenta?