domingo, 16 de noviembre de 2014

Relojes de ceniza


Ahora que he dejado de fumar,
Ya no sé qué hacer mientras lo espero.
A veces, corro tras los rumores
Que dicen que aún me quiere
Pero no los alcanzo
Y me descubro sudando, impotente
Como en los sueños en los que pego
A fantasmas que ya no existen.

Otras veces, me tiro a la tentación
Como si fuera un suicida
Que reza bajo el tren que ha perdido,
¿Mi Dios? encima
Junto al vagón de la cafetería
Fumando un cigarro con otra,
Que aún no lo ha dejado.

Por un instante,
Su cuerpo vuelve a pasar sobre el mío
Y todas las palabras que medí al despedirlo
Se quedan tan cortas
Que no tapan ni uno solo
De los motivos que tuve para quererlo.

Me salvo, o eso dicen,
Y escucho al tren silbar a los lejos
A una rubia que baja en la estación
En la que él se encuentra y yo lo pierdo

Entonces la vida se estiraja y deforma
Y no puedo más
Que encender otro cigarro para acortarla
Para ¡quemarla! 
Como si fuera uno de esos hilos que
Se pretende escapar del jersey que le ha tocado

Después, recojo sus cenizas
Y lleno con ellas los relojes de arena
Que quebraron cuando se fue
Funciona, el tiempo revive
Y vuelvo a poder contar las horas
Que paso en el suelo,
Recogiendo la eternidad
De las playas que nos prometimos.